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País prepago

Ramón Peña

Para cubrir parte del hueco presupuestario, el régimen ha emitido nuevos bonos de la República por 5 millardos de dólares, una operación que unos 80 bancos se negaron a coordinar. Solo un banco chino, Haitong International Securities, asumió el riesgo. Se desconoce bajo qué condiciones porque este nuevo compromiso de deuda se realizó a espaldas de la Asamblea Nacional.

Para hacerse de otros 1.5 millardos de dólares se hipotecó 49.9% de Citgo a la petrolera rusa Rosneft. Ya anteriormente 50.1% de su valor había servido de colateral para una emisión de bonos por 2.5 millardos de dólares. De esta manera, queda empeñado el único nicho seguro de mercado para nuestros crudos pesados, un sistema refinador que procesa 750 mil barriles diarios en EE.UU.

Pero el cuadro es aun más complicado: las empresas multinacionales Cristallex, Conoco-Philips y otras, cuyas demandas contra Venezuela por abusos cometidos durante la era de Chávez, han sido aprobadas por el Centro Internacional de Arreglos por Diferencias en Inversiones (CIADI), han solicitado en los tribunales la anulación de estas operaciones financieras, por considerarlas como evasivas para impedirles cobrar sus acreencias apropiándose de Citgo. En otras palabras, la irresponsabilidad chavo-madurista ha convertido a la única propiedad importante de Venezuela en el exterior, en la presa de una partida de caza donde compiten rusos, demandantes y tenedores de bonos.

De modo concomitante, la Republica es hoy considerada en el mercado internacional una suerte de País Prepago. Los cargamentos de combustible y crudos, que el desastre de Pdvsa nos obliga a importar diariamente, no son descargados hasta tanto los proveedores -en su mayoría norteamericanos- hayan cobrado la totalidad de su factura.

Si usted se pregunta por qué aún no han aterrizado los cacareados billetes del nuevo cono monetario, ya sabe cual es la razón.

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