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José C. García F. | Celebremos la esperanza

Las Navidades, unas fiestas ancestrales que se montaron sobre otras relacionadas con Mitra o con Saturno o con Osiris o con el solsticio de invierno. ¿Qué más da? Lo que importa es la celebración del cambio estacional, desde la noche más grande del año, acogiendo un nacimiento que simboliza la esperanza, el renacer, la nueva vida. Tiene que ver con nuestra propia infancia, esa dolencia de la que uno felizmente no se cura. Es un fenómeno cultural con miles de años de “historia”. En otras latitudes, de forma similar se “celebra” el nacimiento del Buda o de otros avatares de la divinidad como quiera que se conciba. Y siempre en relación con la mutación de una naturaleza viva y palpitante aún bajo las nieves del invierno, los árboles sin hojas y la tierra yerma que se prepara para un renacimiento impresionante en la primavera.

Algunos se empeñan en banalizar nuestra existencia. Fuera tradiciones, costumbres ancestrales, festividades y celebraciones descalificadas como mitos. ¿Qué es el mito sino una realidad más allá de la verdad?, como dicen Tolkien y Lewis. Reflejan una realidad para aquellos que los han creado y que conviven con ellos, aun conscientes de que no encierran toda la verdad.

Dejemos el envoltorio y disfrutemos el regalo, del presente de esa reunión familiar, de esa vuelta al hogar, sí, al seno en donde un día te supiste acogido y querido. Que eso es el hogar, el lugar en donde nos esperan y acogen porque nos pertenece al tiempo que les pertenecemos.

Solo una persona ajena a la cultura y a las realidades que nos sostienen es capaz de rechazar como absurdas estas celebraciones. ¿Podríamos comprender algo de nuestra historia, del arte y de la cultura, sin ese humilde judío de Nazaret, que pasó haciendo el bien, acogiendo a los marginados, que desafió a los poderes constituidos de su tiempo, que predicó las Bienaventuranzas, que amó y fue amado, que hizo que el sábado fuera para el hombre y no al revés, que superó las ataduras religiosas y sociales de su tiempo, que enalteció a las mujeres, a los niños, a los pobres y a los ancianos y que trajo la Buena Nueva para todos los seres humanos: amaos los unos a los otros y buscad el Reino que pertenece a los que padecen persecución por causa de la justicia, a quienes dan de comer al hambriento, de beber al sediento, que visten al desnudo, que enseñan al que no sabe, que consuelan al triste, que comparten. Y que no juzgan ni condenan, sino que siempre están dispuestos a acoger con un brazo mientras con el otro aportan propuestas alternativas a las injusticias sociales que denuncian sin cesar formando muros y redes de solidaridad. Celebramos la Noche preñada del nuevo amanecer que alumbra nuestro caminar de personas solidarias, frágiles pero llenas de esperanza.
@GarciaFajardoJC

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