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Carmen García M. | Del amor al miedo

“¡Sueño cada día con ponerme en pie!”, son las palabras de Askin. Con apenas 30 años está paralizada de la cintura para abajo a causa del disparo de su marido cuando ella le pidió el divorcio tras años de maltrato. Acudió a la policía para decirles que su marido tenía un arma y la amenazaba, pero no la ayudaron. “Me respondieron que si las usaba, fuese y lo denunciase”, dice. Vive con miedo e intenta no recordar el pasado.

Como esa joven, más de cinco mil mujeres han sido víctimas de asesinatos machistas en Turquía durante los últimos 15 años. Sin embargo, eso no parecía importar a su primer ministro, Binali Yildirim, quien proponía un proyecto de ley para perdonar a los condenados por abusos a menores si contraían matrimonio mediante ceremonia religiosa. “Luego tienen hijos, el padre va a prisión y los hijos se quedan solos con su madre”, es el argumento que Yildirim usaba para defender la propuesta.

Esta supondría retroceso para los islamistas, ya que en 2005 fue eliminada la ley que permitía a un violador evitar la condena si se casaba con su víctima.

Debido a las continuas manifestaciones de organizaciones de mujeres que denunciaban ese proyecto porque fomentaba el abuso a menores y la legalización de la violación, Yildirim ha decidido retirarlo. “Ni es legal ni islámica. El abuso de menores es un crimen y en el islam es pecado”, decía Ayse Böhürler, fundadora del Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP). A pesar de eso, la violencia contra las mujeres ha aumentado en el país turco según Gülsum Kav, de la plataforma Paremos los Asesinatos de Mujeres. Además, los crímenes son cada vez más crueles. “Les vacían un cargador entero de una pistola, las queman o las despedazan”, dice Hülya Gülbahar, abogada.

Las víctimas de maltrato viven con tanto temor que les resulta muy difícil denunciar a sus agresores. En la mayoría de los países, menos de 40% de las mujeres deciden pedir ayuda; en general, acuden a sus familias y amigos porque no confían en las instituciones como la policía o servicios de salud, según la ONU. Cuando se atreven a dar el paso, algunas deciden abandonar el juicio para evitar represalias o amenazas. A Askin le sucedió; dos personas se presentaron en su casa para amenazarla. “Les dijeron a mis padres que me retirase o acabarían el trabajo que dejaron inconcluso”, cuenta.

La orientación sexual, la discapacidad, crisis humanitarias, situaciones en conflicto o la etnicidad son algunas características que pueden aumentar la debilidad de las mujeres ante la violencia.
@26_Carmen

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