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Prueba de fuego

Estos momentos la historia los recogerá como precisos para entender el hoy y mañana de la República. La difícil situación está montada en varios tableros que se mueven al mismo tiempo, como analistas lo han dejado ver. Todo ello lleva al escenario de la “prueba de fuego, la comprometida y decisiva, en la que es necesario demostrar que se está a la altura de lo esperado” (Diccionario RAE).

El nudo gordiano que traba y se requiere resolver es una realidad política que invade los demás espacios sociales, ha sido delimitada en cuatro grandes áreas, resolver la situación del referendo revocatorio a efectuarse este año o hacer elecciones generales el primer trimestre del próximo; desenlace de la situación de los presos y exiliados políticos; dar respuesta a la situación accidentada de la institución pública, especialmente el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y Asamblea Nacional, y; permitir la entrada y suministro de la ayuda humanitaria internacional para la población, todas ellas consecuencias de la acción del poder ejecutivo. Estas tienen una cualidad interesante, como lo expone Fernando Mires, el país pide ajustarse al contenido de la norma constitucional, o sea, que el gobierno respete la ley. ¿Cómo oponerse a esa exigencia?

Al tablero del régimen le quedan pocas fichas para la maniobra. Sus movimientos son forzosos, actúa obligado por las circunstancias, comenzando por estar en la mesa de diálogo que promovió la representación del Vaticano, un actor que no le es obediente. Aceptó estar ahí dada la presión interna y externa que recibe, interna por la exigencia de resolver la crisis y externa lo que le impide reencontrarse con una legitimidad que le devuelva la magnificencia del poder político, que le permita acceder a los espacios internacionales para disponer de recursos que requiera para soportar su gobernabilidad. El problema es que de dar algo de lo requerido los lleva rumbo a la salida del poder, y a eso no están dispuestos. Su negativa lo expondrá a las consecuencias de malograr más su imagen. En todo caso están obligados a dar respuesta para el 11 de noviembre.

El tablero de los venezolanos es difícil. Primero está un ciudadano cansado de tanta dificultad para el vivir (abastecimiento, salud, delincuencia y muchas otras) cuyo origen descansa en la acción pública. Políticamente la MUD ha asumido su vocería. Ella ha sido baluarte en los éxitos de éstos años, bajo su dirección el país obtuvo una mayoría parlamentaria importante, logró la recolección y validación de las firmas exigidas por el CNE, ha desarrollado acciones que terminaron por sentar al poder ejecutivo en la mesa promovida por la autoridad vaticana, de ahí que la población la haya venido aceptando y sumándose a sus programas y propuestas. En los últimos tiempos, como acción para continuar con la presión de calle, estableció una marcha en ruta a Miraflores, y además una discusión en la AN sobre las responsabilidades del Presidente Maduro en la crisis que se vive. La MUD, por exigencia de la representación vaticana, queriendo dar muestras de amplitud y generar espacios para que surjan propuestas aceptables por parte del régimen, pospuso esas actividades, lo cual caló mal en muchos de los sectores sociales, lo cual podría debilitar su liderazgo. La situación para la MUD es compleja, tiene que dar respuestas adecuadas al país que le entregó su confianza, so pena de perder el liderazgo obtenido. Algo grave para todos, incluso para el régimen, por cuanto su falta generaría una vacante de con quién conversar a la hora que se requiera un representante del 80% y más de los venezolanos. La MUD ha fijado como fecha tope de espera por la respuesta oficial de las exigencias planteadas el 11 de noviembre. ¿Qué pasará si hay una buena, mala o ninguna respuesta?

Por último está el tablero del representante del Vaticano. Primero es de entender que el Papa Francisco, cuando tomó la responsabilidad de liderar el proceso de diálogo tenía conocimiento de las dificultades, su base de información institucional parte del su Secretaría de Estado, el Cardenal Parolín, quien estuvo en estos últimos años al frente de la Nunciatura Apostólica, más el recientemente nombrado Superior de la Compañía de Jesús monseñor Arturo Sosa, los cardenales Jorge Urosa y Baltasar Porras, así como otras relaciones, todo bajo la diplomacia vaticana, de cuya competencia ninguna duda cabe. Por lo tanto, soportado en lo mencionado toma la responsabilidad que permitió instalar la mesa de diálogo entre el régimen y la MUD, y que debe dar resultados para el 11 de noviembre. La pregunta que cabe es si la respuesta oficial es lamentable, ¿Cuál es la posición que el Vaticano tomará? En el entendido que esa decisión tendrá su efecto en la ONU, OEA, Comunidad Europea y demás escenarios internacionales.

Un último tablero es la crisis que amenaza con una explosión social que puede llevarse a todos por delante. Tanto la MUD como el Vaticano la aspiran disipar abriendo los procesos necesarios. Mientras el gobierno, o bien cree poder reprimirla o apuesta a ella como fórmula para sobrevivir en medio de las turbulencias, algo que no soporta análisis. Entonces el régimen escoge, o sale por la vía electoral o fruto del estallido social.

El escenario es de prueba de fuego, tanto para el régimen, la MUD y el Vaticano. El 11 de noviembre se sabrá y será punto de partida para los demás acontecimientos.

Autor: Rafael Pinto
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